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LA CELEBRACIÓN DEL PENTATLÓN EN LAS ESCUELAS WALDORF

Leopoldo Sánchez



En una escuela Waldorf, las clases de movimiento durante los dos primeros años de primaria se realizan a través de juegos grupales tradicionales, de la imitación de movimientos en un entorno determinado y de la fantasía creadora, con, por ejemplo, la representación de las fábulas en una ronda, siempre cuidando que en el aspecto corporal se dé un desarrollo armónico. En tercer año comienzan las rondas Bothmer, creadas especialmente para la pedagogía Waldorf. La gimnasia Bothmer se continúa practicando durante el resto de la primaria propiciando la vivencia real y concreta del propio cuerpo en el espacio. En el 5° grado se lleva a cabo una actividad especial de mucho significado en la etapa evolutiva que viven los niños: el Pentatlón.

     Torin M. Finser, en su libro School as a Journey (La escuela como un viaje)1, nos habla sobre la etapa evolutiva que se vive en el 5° grado y su relación con el estudio de la cultura griega, que en el currículum Waldorf se cubre precisamente en este grado: alrededor de los 11 años de edad, los niños y niñas se caracterizan por sus movimientos llenos de gracia, pasos ligeros y balance. A esta edad se despiertan nuevas capacidades de pensamiento, mas los niños aún están inmersos en un sentido intrínseco de belleza y orden.

     El niño de 5° grado quiere tener éxito, logros, pero es capaz de mediar su individualidad con el pulso del grupo. La música y la poesía hablan a la nobleza que vive en el niño, mientras que las grandes batallas de Maratón y Las Termópilas despiertan su interés por la aventura y su amor hacia la acción. El estudiante en este grado se identifica con la empresa de Jasón en pos del Vellocino de Oro, los trabajos de Hércules, las hazañas de Perseo. Al trabajar con los estudiantes de 5° grado, uno puede darse una idea del verdadero espíritu de la Grecia Antigua.


1 Una reseña de este libro, hecha por María Jermann, se puede encontrar en el número 2 año 1 de Al alba. La referencia completa del libro es: Finser, Torin M. School as a Journey. The Eight-Year Odyssey of a Waldorf Teacher and His Class, Anthroposophic Press, 1994, Barrington, MA.

 

     Uno de los sucesos más importantes en la vida de la Grecia Antigua era la celebración del Pentatlón, un evento atlético con cinco pruebas: carrera, lanzamiento de jabalina, lanzamiento de disco, salto y lucha, que se celebraba en la sagrada ciudad de Olimpia. Aristóteles escribió en su Retórica (1361 a.C.) que los deportistas más perfectos eran los pentatletas, porque, en sus cuerpos, se combinan fuerza y velocidad en hermosa armonía, y efectivamente, en la Grecia Antigua se consideraba que estos atletas habían llegado a la completa armonía de su naturaleza corporal.

    

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”Ante este altar, frente al fuego que purifica e ilumina, juramos ¡Oh Dioses del Olimpo!, habernos preparado arduamente en la palestra”

 En aquel entonces, los vencedores del Pentatlón eran considerados los atletas más perfectos. Pero ¿por qué esas cinco pruebas? Según Rudolf Kischnick, una mirada hacia la figura humana muestra que el correr, saltar, luchar, arrojar el disco y la jabalina están correlacionados con lo otro. En el correr se revela el principio del centro; en el salto, el hombre conoce lo que debe específicamente con la forma del cuerpo humano, tomando   en   cuenta los puntos de despliegue consciente de la fuerza2. Así, el corredor poseía pies con una formación especial; el saltador poseía muslos con una fuerza especial; el luchador poseía una vigorosa columna; el que arrojaba el disco debía tener fuerza en el tórax, y el que lanzaba jabalina debía tener fuerza en sus brazos. Sin embargo, esta correlación no pudo ser lo único decisivo en la elección de estas cinco pruebas. Cada una tenía un significado superior al de la mera ocupación bella y útil, un significado universal del que Kischnick nos ofrece una muy interesante interpretación, y de la cual destacamos aquí algunos puntos.


2 Kischnick, Rudolf Leibesübung und Bewusstseinsschulung (Ejercitación Corporal. Adiestramiento de la Conciencia) Traducción del alemán realizada en Argentina y revisada por Pilar Fenelón, 1a. ed. México, D.F.

 

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“¡Hermes! Condúcenos a encontrar nuestro camino lleno de fuerza, armonía y belleza”

     El buen corredor se destaca por el flujo armonioso del movimiento. Dicha armonía se produce por el hecho de que la fuerza de gravedad y el impulso ascendente concuerdan adecuadamente. Entre arriba y abajo, el corredor se sostiene en el medio. Según el criterio antiguo, en el correr yace algo curativo pues el hombre está sano cuando todas sus fuerzas están coordinadas armónicamente entre sí. En el caso del salto, el atleta está constantemente “informado”: sabe dónde están sus brazos, sus piernas y de qué modo debe coordinar lo uno hacer para tener bajo control sus impulsos. 

 

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¡Hermes! Condúcenos a encontrar nuestro camino guiando y controlando nuestros impulsos”

En el tercer caso, el del luchador, éste debe ser pesado y liviano a la vez: por un lado, deberá asirse con enorme fuerza y por otro deberá efectuar sus movimientos con agilidad y destreza artísticas. Así, el luchador debe lograr reunir fuerza, destreza y capacidad de síntesis en una sola facultad, lo cual significa que las tres fuerzas de la voluntad, del sentir y del pensar llegan a concordar de manera absoluta y armoniosa (volveremos sobre este punto más adelante). El principio básico del lanzamiento de disco es el asir y el soltar, o el recibir y el dar. El lanzador toma el disco, lo pone en movimiento, lo suelta en el instante preciso y observa que pasó con él, y sólo puede estar satisfecho cuando el disco se eleva, dibujando una nítida ruta de vuelo dentro del espacio. Dentro de este lanzamiento está contenido el misterio del crear artístico. Por último, el lanzador de jabalina debe intentar dar en el blanco de su meta. Para esto no se debe limitar a sostener el equilibrio entre dos fuerzas opuestas, sino que tendrá que hallar realmente su propio punto central, acercándolo así al misterio de la formación de la personalidad.  

     A la edad de 10-11 años, después de la crisis del “rubicón”3, los niños viven un periodo de equilibrio y armonía que precede al siguiente gran cambio de la pubertad. De ahí que alrededor de esta edad encontrarnos en los niños el campo fértil para que, a través del movimiento y específicamente a través del correr, saltar, luchar y lanzar, el niño o la niña tome las experiencias vividas de la práctica de estas disciplinas para forjar su carácter y personalidad, de tal forma que se complemente con lo artístico-académico que le corresponde aprender en 5° grado. Es así como en este grado y tendiendo como tema de estudio en el aula la cultura griega, en la clase de movimiento se prepara a los niños para la realización de un Pentatlón.


3 En la pedagogía Waldorf, el rubicón es la crisis alrededor de los nueve años, entre el cambio de dientes y la madurez sexual, en la que nace la autoconciencia del niño. Encuentra su expresión en accesos de miedo, arrebatos de ira, provocaciones descaradas y otros modos sorprendentes de comportamiento.  

 

     En la antigüedad, la celebración del Pentatlón no era una mera competencia para establecer récords sino una ceremonia ofrecida a los dioses, en donde cada movimiento era realizado con el más absoluto cuidado, alcanzando su expresión máxima en el lanzamiento de la jabalina, deporte dedicado al dios supremo Zeus. Así mismo, el lanzamiento de disco trataba de limitar el disco de Apolo que se elevaba majestuoso y con armonía absoluta; de aquí que los antiguos griegos consideraran que el ritmo y la precisión de un atleta lanzando el disco era tan importante como su fuerza.    

     Igualmente, la preparación del Pentatlón en el 5° grado de una escuela Waldorf no persigue el objetivo de una mera actividad física, ni mucho menos alentar la competencia feroz. El objetivo es que los niños puedan vivenciar los ideales del Pentatlón en una etapa de su vida en la que la belleza, el balance y la armonía son parte natural de su desarrollo.

 

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“¡Heracles! Lucharemos con energía y moderación, aprovechando lo mejor posible nuestras dotes naturales, para ser dignos de la naturaleza humana”

 En la lucha, por ejemplo, no solo se pone en práctica la fuerza física, sino que el luchador necesita de una fuerza interior para entrar en acción (voluntad), debe tomar en cuenta a su rival y no por ello querer lastimarlo sino verle a los ojos y tratar de anticipar algún movimiento (pensar), y necesita de la fuerza de los brazos que se genera a través de la correcta posición entre las dos personas y que permite poder vivenciar la fuerza del otro en un contacto que se extiende al corazón de la otra persona (sentir). Como ya lo señalaba Kischnick, voluntad, pensar y sentir unidos armoniosamente en una sola facultad.

     El niño de cuerpo grande y robusto que al aprender a correr de manera adecuada logra desplazarse con ligereza y armonía, el niño alto y delgado con piernas más largas de lo normal que constantemente le hacen tropezar y que aprende a través del salto de longitud a apreciar positivamente su cuerpo, la niña diminuta de cuerpo ligero que logra derribar a un niño físicamente más grande y que descubre asombrada “ahora sé qué es lo que tengo que hacer”, son tan sólo unas pocas de las muchas gratas experiencias que he atestiguado a lo largo de mis años como maestro de movimiento. Y sin duda, el ejercicio que más disfruto enseñar, y que representa un reto difícil, es el lanzamiento de jabalina, donde las expresiones ¡qué feo!, no me gustó, ya no quiero lanzar, no me sale, no puedo, me doy por vencido se van convirtiendo en expresiones de ¡que padre!, ¡viste cómo voló la jabalina?, ¿puedo lanzar otra vez?, ¿me regalas una jabalina? Igualmente importante ha sido que, para algunos niños, el Pentatlón significó un giro positivo en el desarrollo de su autoestima.

 

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“¡Glorioso Apolo! Concédenos la majestad y la armonía del disco solar”

 

En la práctica del Pentatlón el niño realiza una vivencia personal de gran esfuerzo y mucha práctica en la que el énfasis es mejorar su propio desempeño y donde el proceso (la belleza y armonía de cada movimiento) es tanto o más importante que el resultado. El niño(a) de 5° grado es capaz de lograrlo y cuando su trabajo es reconocido con respeto el niño(a) se siente contento con su esfuerzo, y no sólo eso, puede dar más de su talento natural también en todas las áreas de su conocimiento, pues estos ejercicios tienen una dimensión pedagógica más allá de la mera educación corporal. Así, la carrera, dedicada al mensajero de los dioses, el veloz Hermes, se relaciona con la velocidad de pensamiento, mientras que el salto con la elevación sobre los impulsos inferiores. En la lucha, dedicada a Heracles, está presente la voluntad y la conciencia del otro. Con el lanzamiento de disco, relacionada con el dios del sol, Apolo, se busca la luz del entendimiento, y con el lanzamiento de jabalina, dedicado a Zeus, el dios supremo, se busca mantener bajo control las fuerzas que le permitan al individuo hallar su propio punto central, es decir el punto de equilibrio del “Yo”.

 

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“¡Oh Zeus! Lo más lejos y lo más alto buscamos con determinación”

   Los pueblos de la Grecia Antigua, muchas veces en guerra, llamaban a una tregua para que se pudieran llevar a cabo los juegos olímpicos. Esta tregua, o “paz divina” (Ekecheiria en griego), permitía un espacio respetado y un lugar seguro para que los atletas se reunieran a mostrar su fuerza, su gracia, su poder y habilidades ante los dioses. En México, desde hace quince años, los niños de 5° grado de escuelas Waldorf de varias partes de México (Guanajuato, San Miguel de Allende, Tlaxcala, Ciudad de México, Cuernavaca, Aguascalientes, Guadalajara, Quintana Roo, Oaxaca, Querétaro, Estado de México, Nuevo León y Veracruz) se reúnen en una convivencia deportiva en la que se intercambian tanto opiniones como experiencias de cada una de las disciplinas y los niños muestran sus logros en un afán, no de competencia, ni de tratar de establecer normas de rendimiento, sino, meramente de vivenciar la celebración del Pentatlón y sus ideales. Los niños son agrupados en equipos que toman el nombre de antiguas ciudades griegas y en cada equipo se mezclan niños de las diferentes escuelas, lo que también da a los niños una excelente oportunidad de convivencia con niños de otros lugares. El logro individual es el logro de todo el equipo favoreciendo une espíritu de camaradería y armonía entre los competidores.

     A nivel mundial se han creado organizaciones para celebrar competencias en el espíritu de la Grecia Antigua, tomando el modelo de las escuelas Waldorf. Una de ellas es fue el Movimiento All in Peace que celebró su primer festival en el año 2001, cuando se reunieron 200 niños de entre 11 y 12 años de edad, que venían de Kosovo, la República de Irlanda, Grecia, Egipto, Chipre, Palestina e Israel a celebrar este evento bajo el mismo concepto de la “paz divina” o tregua que hacían las ciudades griegas en conflicto. El festival fue un éxito y se establecieron lazos amistosos entre miembros de comunidades antagónicas. All in Peace trabajó para difundir la idea de Ekecheiria o “paz divina” como una forma de construir puentes entre comunidades de regiones en conflicto.

     Igualmente, la organización Hands in Peace reúne a niños de diferentes escuelas, regiones y países para participar en un pentatlón, donde se invita a los niños a experimentar la celebración del atletismo de una manera distinta al de una competencia y donde se enfatiza la gracia y la belleza y se fomenta la autoestima. A través de este proyecto se reúne de manera intencional a niños de diferentes etnias, culturas, idiomas y religiones. Al agrupar a los niños de diferentes etnias, culturas, idiomas y religiones mezclados en cada equipo y estimularlos a mejorar su desempeño colectivo durante el curso del festival del pentatlón se consigue un ambiente único que marcará en el futuro recursos de amistades hechas fuera de su propia esfera sociopolíticocultural4.

     La forma en la que el Pentatlón se celebra en las escuelas Waldorf da una oportunidad a los niños, en su 5° año de educación Primaria, de vivenciar en el momento correcto de su desarrollo una experiencia formadora y sumamente enriquecedora que, sin duda, para muchos de ellos, deja una huella invaluable.

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“Suene dulce el cántico, para el que ha conquistado honor en el certamen”

Texto adaptado del artículo original publicado en la revista Al alba año 2, número 2, Febrero 2009. Revista sobre Educación Waldorf.

Imágenes: XV Pentatlón de las Escuelas Waldorf en Valle de Bravo, marzo 2018.


Para información adicional sobre esta organización visitar www.handsinpeace.org