Una tarea esencial en la educación Waldorf-Steiner es dar apoyo al desarrollo del 'yo' de cada alumno, integrando los cuerpos físico, etérico y astral, de manera que pueda producirse un crecimiento armónico y saludable. Apoyar la independencia del niño y joven es primordial para realizar al máximo su potencial. Todos los aspectos de la educación Waldorf sirven a este objetivo.

El proceso de individuación, al que la educación apoya de manera muy significativa, involucra una progresiva integración de la acción del yo en los otros cuerpos. En torno a los siete años, algunas de las fuerzas formativas del cuerpo han concluido sus funciones orgánicas y se liberan del cuerpo físico. Entonces, se hacen disponibles para sostener la aparición de una vida interior distinta y para permitir, sobre todo, el proceso de representación y la formación de la memoria, dos procesos esenciales para el aprendizaje. Antes de esa emancipación, el niño aprende por medio de la imitación, más que por el entendimiento, dado que la experiencia sensorial penetra hasta la actividad del niño de una manera en la que la mente apenas interviene. Una vez que las fuerzas formativas comienzan a liberarse, el niño puede ir estructurando y configurando una vida interior de experiencias. Mientras la memoria esté aún estrechamente ligada al organismo, será más situacional o local que independiente. Sólo cuando la memoria puede funcionar independientemente del estímulo sensorial, sólo entonces es posible el pensamiento abstracto.

En la pubertad, lo anímico comienza a emanciparse; hasta entonces, había estado integrado a los procesos de los órganos físicos, y por lo tanto, dentro de los procesos de vida. El 'yo' se hace activo dentro del alma, ayudando al joven a juzgar las cosas, a crear conceptos independientes y a dirigir gradualmente su propio comportamiento de acuerdo con las intenciones conscientes motivadas por los ideales. Esta es la base de la propuesta curricular y metodológica de la educación Waldorf.