Ronald E. Koetzsch

 

Introducción de la editorial

Ante las continuas llamadas de atención sobre el uso de teléfonos celulares, internet inalámbrico y otras formas de transmisión de información electrónica, ha surgido el término contaminación electrónica.

En su nota editorial del número de primavera/verano del 2010, de la revista Renewal, Ronald Koetzsch hace una reseña de uno de los congresos celebrados en honor del Dr. Eugene Kolisko, responsable de la salud de los estudiantes de la primera escuela Waldorf. Estos congresos están enfocados en la relación entre medicina y educación. En el que tuvo lugar en febrero de 2010 en Honolulu, Hawaii, la conferencista principal fue la Dra. Michaela Glöckler, quien durante muchos años fue médica escolar en Alemania y es ahora la cabeza de la Sección Médica del Goetheanum en Dornach, Suiza (centro del movimiento mundial antroposófico y de la educación Waldorf). En una de sus conferencias, la Dra. Glöckler planteó el smog electrónico (e-smog) como una preocupación grande por la salud de los niños y de los adultos. A manera de respuesta a la pregunta, ¿qué es contaminación electrónica? Reproducimos aquí, traducido del inglés1 y con la autorización del autor, la reseña de Ronald Koetzsch sobre dicha conferencia y sus propios descubrimientos al respecto.

El e-smog es la sopa atmosférica de energía electromagnética que crean las torres de telefonía celular, los celulares, los sistemas Wi-Fi públicos y domésticos, teléfonos inalámbricos y otros aparatos electrónicos ineludibles en la vida moderna. La doctora dijo que actualmente la gente está usando estos aparatos sin pensar o sin conocer sus efectos en la salud humana a corto y a largo plazo.

Más tarde, en una conversación privada, la Dra. Glöckler dijo:

Cada célula del cuerpo humano tiene su propio sistema vivo electromagnético. La vida está basad en actividad electro-bio-química. Es bien conocido cómo podemos medir la actividad eléctrica de nuestro cerebro con un electroencefalograma, y la de nuestro corazón con un electrocardiograma. Hasta podríamos medir el potencial electroquímico de cada célula y representar su ritmo particular de actividad eléctrica con una línea curva. Sin embargo, lo que se debe enfatizar aquí es que la actividad eléctrica en los seres vivos tiene un ritmo particular, como el de una respiración. En nuestra respiración, los ciclos de inhalación y exhalación no tienen la misma duración, varían por fracciones de segundo. De la misma forma, el patrón de la actividad eléctrica de las células no se repite exactamente.

La energía electromagnética generada por celulares, Wi-FI y demás es, en relación con la actividad de las células de nuestro cuerpo, extremadamente exacta. Sus ritmos están “muertos”, no respiran. Estamos llenando nuestras casas, lugares de trabajo y hasta nuestras escuelas con radiación electromagnética, y no tenemos ni idea del efecto en nuestros niños y en nosotros mismos.

Dado que los niños están creciendo y desarrollándose muy deprisa, son mucho más susceptibles a los posibles efectos dañinos. En 10 o 20 años, podríamos descubrir y arrepentirnos del daño que hemos hecho. El e-smog (contaminación electrónica) es el asbesto y el humo indirecto de nuestro tiempo. Como mínimo, el e-smog chupa nuestra energía física y mental. En el peor de los casos, puede ser parte de la causa de enfermedades serias. En este momento, simplemente no se sabe. La investigación no se ha llevado a cabo. Más bien estamos haciendo un vasto e incontrolado experimento en nosotros mismos y en nuestros hijos.

La fatiga es el principal síntoma de afectación o irritación de los procesos vitales, resultado de una exposición continua al e-smog. Los efectos del campo electromagnético externo tienen que ser balanceados por el cuerpo etérico o vital y por las fuerzas auto reconstituyentes del cuerpo. Este constante esfuerzo por recuperarse es un estrés para el cuerpo vital y su capacidad de auto curación. Las personas sensibles son las más susceptibles a este estrés, que se manifiesta primero como fatiga. Una persona enferma puede tener dificultad para recuperarse, y una persona con algún órgano débil puede empeorar seriamente.

Usar estos aparatos es también una cuestión social. Si yo me siento en un restaurante con mi celular prendido, la gente cerca de mí está siendo afectada. En una oficina con Wi-Fi, toda la gente en el lugar, cada trabajador y cada visitante, está siendo afectada.

La Dra. Glöckler no está sola en su preocupación. Ella es portavoz de un punto de vista que se ha extendido por toda Europa. En Suecia, el EHS o Síndrome Electro-Hipersensitivo (Electro-Hipersensitive Syndrome), caracterizado por fatiga, dolores de cabeza y sueños intranquilos, es una incapacidad oficialmente reconocida. En Frankfurt, Alemania y en Salzburgo, Austria se ha prohibido el uso de sistemas de Wi-Fi en las escuelas públicas. Si se busca en Google “Wi-Fi health effects” se encuentra un artículo del periódico británico The Independent, cuyo título es: “Peligro en el aire: ¿es la revolución Wi-Fi una bomba de tiempo contra la salud?” (Danger on the Airwaves: Is the Wi-Fi Revolution a Health Time Bomb?). El artículo cita evidencia creciente de que el Wi-Fi afecta desfavorablemente la salud humana y desalienta su instalación en escuelas y hogares.

Al preguntarse acerca de medidas prácticas, la Dra. Glöckler hizo las siguientes sugerencias:

Celulares: Si cargas contigo un celular, no lo tengas encendido. Enciéndelo periódicamente para revisar los mensajes y luego apágalo. También, haz tus conversaciones cortas. No le des un celular a un niño menor de trece o catorce años.

Wi-Fi: En la mayoría de los casos, el Wi-Fi es una conveniencia, no una necesidad. ¿En verdad necesitamos poder sentarnos en cualquier lugar de nuestra casa y acceder a internet? Aun en una oficina, si tienes una conexión a internet para cada trabajador y una o dos para visitantes, es más que suficiente.

Estando en California, usé el sistema inalámbrico de mi lap top para encontrarme con que, aunque en mi oficina no tengo Wi-Fi, estaba recibiendo cuatro distintas señales de fuentes externas cercanas. Una de ellas, de la biblioteca del Colegio Rudolf Steiner, en el cual trabajo. Después de dudarlo un poco, temiendo ser visto como un aguafiestas, hablé con Daniel Schoenthal, consultor en informática del Colegio. Para mi sorpresa, él reconoció la validez de mi preocupación. Schoenthal ha ajustado el sistema Wi-Fi de la biblioteca para que el transmisor sea menos fuerte y más enfocado. También le puso un temporizador para que transmita sólo cuando la biblioteca está en uso. Schoenthal me recordó que muchos otros aparatos de la vida moderna generan campos electromagnéticos. Éstos incluyen refrigeradores, unidades de aire acondicionado, televisores, computadoras, consolas de videojuegos, sistemas de alarma, líneas de teléfono inalámbrico, secadoras de pelo, cepillos de dientes eléctricos, TV por cable, secadoras de ropa eléctricas, carros eléctricos… casi cualquier cosa que tenga un motor eléctrico o use electricidad.

Schoenthal dijo que los tres principios para minimizar la exposición son: distancia, edad del aparato y conexión a tierra. De acuerdo con la ley del inverso del cuadrado de la distancia, si duplicas tu distancia a una fuente, la potencia del campo electromagnético decrece cuatro veces. Los aparatos más nuevos y que tienen conexión a tierra crean menos campo electromagnético.

Hace 100 años Rudolf Steiner advirtió que la proliferación de la radiación electromagnética representaría una amenaza seria contra la salud de los seres humanos. Es tiempo de prestar atención a sus advertencias sobre los peligros potenciales y tomar medidas para proteger a nuestros hijos y a nosotros mismos.

1 Título original: Cell Phones, Wi-Fi, Electro-smog: The Asbestos and Seconhand Smoke of 2020?

(Celulares, Wi-Fi, smog electrónico: ¿el asbestos y el humo indirecto del 2020?) publicado en Renewal, Spring/Summer 2010, vol. 19, núm. 1. Traducción al español de Sabina Quiroz.

Al Alba, revista sobre Educación Waldorf. Año 5, número 1 – Otoño 2011.