Kim John Payne, maestro Waldorf y autor de Simplificando la paternidad y

El alma de la disciplina, reflexiona sobre ello en una conferencia virtual

Sobre “Dispositivos digitales y decisiones de los padres” que impartió en noviembre de 2016[1].

***

 

teens

En una cultura africana existe un saludo que la gente utiliza por la mañana, por ejemplo, en el mercado: Sawabona (Te veo) y la otra persona contesta: Shikoba (Aquí estoy). Pensando en esto, pasé a preguntarme: ¿Cómo podemos ayudar a nuestros niños a ser vistos, a estar aquí? ¿A estar presentes en el aquí y en el ahora? Y de ahí doy un salto al uso de las pantallas, especialmente por parte de los niños. Yo no soy anti-pantalla, creo que en esta época ser anti-pantalla es absurdo; más bien soy un apasionado de las conexiones. Y pasaré a explicar qué entiendo por conexiones.

Si vemos las conexiones como círculos concéntricos, la primera conexión, la de afuera y más grande, en la orilla, es la conexión con la naturaleza, con el aire libre, y esta conexión es crucial. No hay nada como ver a nuestros niños, a los pequeños, jugando extasiados y zambullidos en las maravillas de la naturaleza. Es reconfortante ver a los niños al aire libre, haciendo cosas, como trepar, construir, creando con lo que encuentran en el exterior. Esto para mí es una parte muy importante de la conexión que todos nosotros queremos para nuestros hijos en el mundo natural y me preocupa que las pantallas estén interfiriendo esta gran conexión.

La segunda conexión, el segundo círculo, es la conexión con los amigos y también con el juego… Ser capaz de jugar como cuando pequeños: juego de roles, el juego imaginativo de fingir que somos personajes o que estamos en tal o cual situación; o lo que aún jugamos como adultos: deportes o lo que sea que se nos ocurra. Esta conexión con los amigos es real, perdurable, puede ser para toda la vida. Para mí, eso no tiene precio.

Es importante distinguir entre friends (tener amigos) y friending (amigueando en la Internet). La amistad en línea es muy diferente a un verdadero amigo que está realmente ahí para ti. Hay mucha confusión ahora con este friending, y los niños batallan para entender la diferencia entre friending y friends. Les cuesta trabajo entender las relaciones verdaderas y reales. Ciertamente puede haber una superposición: uno puede tener una conversación muy interesante, realmente interesante, en línea. No quiero ser ingenuo al respecto, pero, en cuanto a los niños, yo creo que la conexión con los amigos es algo muy valioso. Hacer amigos y conservar las amistades lleva tiempo y las pantallas sólo “un” tiempo, sólo un momento.

La tercera conexión, que nos acerca al núcleo, es la conexión con la familia, con los valores familiares, con estar en familia, nutriéndonos de familia, tener a tu familia como la base segura, desde la cual los niños pueden salir al mundo y regresar, después irse más lejos y volver, hasta que finalmente salen por completo y vuelven solo en vacaciones, cuando están en la universidad o más allá. Para esta conexión con la familia el niño requiere tiempo, requiere intención. Hace falta tener voluntad para hacer el espacio para esta conexión. Estoy real y genuinamente preocupado de que tantas pantallas estén en medio de las familias. Muchos de nosotros hemos ido a restaurantes y visto a familias sentadas, clavadas en sus pantallas… mi corazón se encoge por esos niños y, de hecho, también por esos padres.

La cuarta conexión: el núcleo, hemos ido llegando al núcleo, el ‘sí mismo’. Creo que vamos desarrollando el sentido del Yo en el contacto con la naturaleza, con los amigos, por supuesto, y más todavía, con la familia. Nuestro sentido del Yo se forma a partir de los valores familiares. Este cuarto círculo es la cuestión central del sentido del Yo, del “yo soy”, ¿cuáles son mis valores?, ¿cómo vivo mi vida?, ¿quién realmente siento que soy? Esto es algo muy delicado para los niños de cualquier edad: ¿cómo un niño o niña llega a definirse a sí mismo(a)? Es un dilema que llevamos encima toda la vida, y me preocupa cómo las pantallas se entrometen en esto. Siento una fuerza muy poderosa que compite con el delicado sentido del Yo de un niño, en quien todavía se está formando este saber quién es. Las pantallas están llenas de lo que yo considero un norte magnético, opuesto al verdadero norte, del que lentamente emerge el sentido de quién eres tú en el mundo. A través de las pantallas, a nuestros niños se les bombardea con un montón de cosas… Y no nos equivoquemos en esto: es publicidad, mercadotecnia, se les dice: “Tú debes verte así, debes ser así, debes hablar así, debes vestir así”. El sentido del Yo de un niño es algo tan delicado... emerge tan lentamente como una crisálida que irrumpe en el mundo como mariposa.

Me preocupa mucho cuando veo a los niños teniendo que conformarse con lo que he llamado el norte magnético, el río de publicidad tóxica o de expresiones de la cultura pop, en oposición al verdadero norte de los propios valores y los valores familiares. Es inmensamente importante que nuestros hijos frente a la necesidad de ser resilientes, de superar lo que vivan en la escuela o los cambios en la vida familiar, de ser fuertes frente a lo que les espera en el futuro, en la universidad y más allá se basen en sus propios valores y no se vayan con la manada. Ninguno de nosotros tendría hijos sólo para que se confundan con la manada, sin pensar.

Y eso es, probablemente, lo que más preocupa y ocupa a la gente que reflexiona sobre estos temas: ¿Qué tanto las fuerzas de mercado llegan a nuestros niños y cuán confusas son? También, como padre o madre, es realmente difícil competir con esas fuerzas. Los publicistas y la gente que está usando pantallas se están dirigiendo a niños cada vez más pequeños, niños de entre dos y tres años, puesto que es bien sabido que si tu blanco establece un vínculo con tu marca antes de los cuatro años de edad, entonces tienes una alta probabilidad de que ese niño se quede con tu producto de por vida. Por eso vemos muchos anuncios en TV, y ahora cada vez más en otros dispositivos digitales, dirigidos a niños muy pequeños.

Me preocupa que el maravilloso y claro sentido de resiliencia, de valores, de moral, de ética, de “quién soy yo en el mundo” para las grandes decisiones que el niño tiene que tomar no solo ahora, sino también más adelante sea fuerte, y lo será si no hay tanto ruido y perturbación en torno a este sentido del Yo y en torno a quién se está convirtiendo.

Esta es la forma en la que yo entiendo estas cuatro conexiones. Muchos de nosotros trataremos de involucrar a la familia extendida. Ayuda mucho manejarnos a nosotros mismos no como anti-pantalla, sino como devotos o seguidores de las conexiones. Entonces cuando hablen, por ejemplo, con un abuelo que quiere dar a los niños una pantalla… (Sabemos que ellos lo proponen como algo bueno, viene de un buen lugar de su corazón.), intentaremos hablar con ellos acerca de las conexiones: si quieren que su nieto o nieta esté realmente vinculado con ellos, pero le dan una pantalla, es posible que esta pantalla interfiera en su amor y su relación cercana. Tal vez, como adulto, me sienta muy bien al momento de darles una pantalla (puedo ver los ojos enormes y chispeantes de los niños, mi nieto, mi nieta, sobrino o sobrina), pero ese momento será muy breve. El niño toma su pantalla, desaparece en su cuarto y… se ha ido.

Edición a la traducción: Luz Elena Vargas

Facilitador del material: Alejandro Cerda

 


[1] Este texto es una traducción y transcripción de una conferencia oral. De antemano se ofrece una disculpa por los errores de traducción o redacción que el lector pueda encontrar. Esperamos que esto no obstaculice la comprensión de los contenidos.