Es común escuchar críticas hacia los padres que decidimos eliminar o reducir a casi nada el uso de las pantallas en las vidas de nuestros hijos, particularmente si son pequeños: “¿Qué estás haciendo? Las pantallas son parte de la vida ahora, quitárselas a los chicos es ponerlos en franca desventaja respecto de los chicos que sí las usan y llegan a la juventud sabiendo usarlas”.

Ante estas críticas y sus reacciones lo primero que pido es no formular juicios, es tan fácil caer en la tentación de hacer juicios como: “los niños que no usan ahora las pantallas, no serán capaces de usarlas bien en el futuro”. Los invito a conocer algunas estadísticas. Se sabe que 32% de los llamados millenials*  trabajan actualmente de manera independiente, es decir, no son empleados de tiempo completo, se manejan por proyectos, trabajan medio tiempo, etc.

Extrapolé este cálculo a 2005-2015, y, suponiendo que la proporción sea la misma, tenemos que para 2025 —para cuando nuestros hijos estén en la universidad o al menos en la preparatoria—, más del 50% de los “puestos de trabajo” en el mercado de trabajo, para aquellos que se estén incorporando a él, será de esa naturaleza: autoempleo, sin prestaciones y con la demanda de salir adelante por sí mismo. 

Conozco a varios millenials que trabajan (creo que ahora se le llama tapestry employment-tapiz de empleos) con proyectos simultáneos, múltiples equipos de trabajo, teniendo reuniones virtuales (sí, utilizan la computadora como herramienta de trabajo, no hay nada malo en ello) con personas que están en poblaciones distintas y distantes unas de otras. ¿Qué se necesita para esta forma de ganarse la vida? Puedo mencionar las siguientes características: creatividad, resiliencia, innovación, creatividad, adaptabilidad y creatividad. ¿Qué puede ayudarles a desarrollar estas capacidades? Sí, es cierto que lo que vemos en las pantallas es creativo, estoy de acuerdo con que los medios digitales muestran mucha creatividad, pero en palabras de mi buen amigo Tom Cooper, de Emerson College, tendemos a olvidar que es la creatividad de alguien más, no la de nuestros niños, ellos sólo la absorben pasivamente.

Esta absorción pasiva, día tras día, de ninguna manera les hace espacio para desarrollar SU creatividad, no los prepara para el futuro. En realidad, es el juego libre lo que les hace el espacio para la creatividad, discutir con los amigos y ponerse de acuerdo entre todos para levantar el fuerte, es la conexión profunda con la naturaleza, con la familia, con los amigos, resolviendo cómo construir una rampa para la patineta, todo esto es la base de las habilidades sociales, emocionales y cognitivas que los chicos necesitarán para tener éxito en el futuro. El mensaje aquí es que la creatividad toma su tiempo, la innovación toma su tiempo, la adaptabilidad toma su tiempo y las pantallas… las pantallas roban el tiempo, son ladronas de tiempo, se desplazan por nuestras vidas succionando nuestro tiempo, y cuando emergemos de ese lapso hipnótico en que nos zambullimos en la pantalla, podemos decir: “Dios, llevo tres horas metido en la pantalla, ¿qué hice en todo ese tiempo?”

Y este es mi punto cuando la gente pregunta: ¿No estás colocando a tus hijos en una posición de desventaja por alejarlos de las pantallas? Mi respuesta es: a partir de la información con que contamos, no, ni tantito, porque en el futuro podrían ser consumidores pasivos de la creatividad ajena, si no se les da el espacio necesario para inventar, adaptar, crear; entonces sí estarán en desventaja para hacer frente al mundo que les espera.

*Jóvenes que están ahora cercanos a los 30, antes o después.

Este texto es una traducción y transcripción de una conferencia oral, impartida en noviembre de 2016, por Kim John Payne.